¡Gracias!

Cuando Mandala Ediciones y yo hablamos de publicar el libro de relatos “La máquina de escribir”, decidimos hacer una edición limitada para ver como funcionaba.

Hoy, diez días después de su primera publicación, tengo que dar las GRACIAS a todas las personas que han comprado el libro pidiéndomelo por las redes sociales. He mandado ya muchos libros dedicados, y para mi es un gran honor y placer hacerlo ya que siento el cariño de aquellos que deciden comprarlo.

Nunca pensé vivir de la literatura… y no se si llegaré a hacerlo, pues es un terreno muy abonado en el que abrirse paso no es nada sencillo. Pero en estos momentos en que estoy desempleada, los ingresos que recibo de mis libros me hacen sentir doblemente agradecida.

Hemos pedido más ejemplares de “La máquina de escribir”. Además, ya está disponible también en la web de Mandala Ediciones, aunque igualmente yo os puedo enviar personalmente una copia dedicada a vuestra casa.

El precio de venta son 10 euros más los gastos de envío.

Ahora, espero con curiosidad y muchas ganas los comentarios de los/las primeros/as lectores/as de mis relatos.

¡MUCHAS GRACIAS A TODAS/OS!

Mi libro de relatos: “La máquina de escribir”

Hoy he recibido en casa los ejemplares de mi nuevo libro, “LA MÁQUINA DE ESCRIBIR Y OTROS RELATOS”.

Esta vez me he aventurado con la prosa, en un nuevo género literario que comenzó a hacerse más necesario para expresarme durante el confinamiento de este año en mi casa de India.

Allí pasaba los largos días sola, y dedicaba las tardes a escribir, evadiéndome de la dura realidad que me rodeaba. Ahora esos relatos salen a la luz para llegar a aquellas personas que deseen compartir su tiempo con mi humilde libro.

El relato es un género muy actual, y nos permite viajar en pocas páginas por mundos diferentes sin salir de nuestra casa. Historias de principio a fin.

En “La máquina de escribir y otros relatos” encontraréis 20 historias diferentes, llenas de emociones, de ternura, de alguna que otra pequeña enseñanza que quizá os inspire en vuestra vida. Si así es, mi felicidad será grande.

Mandala Ediciones me ha ayudado una vez más a publicar. Una editorial que me respalda, me apoya y a la que, con su larga historia, me honra pertenecer.

Espero que estos relatos viajen muy lejos, a vuestros corazones.

Inmensamente agradecida…

M. Cristina Iglesias (Crismitra)

SIGO HABITANDO AQUÍ

Y sigo habitando aquí,

a la sombra de mi sombra,

oculta en algún lugar

que de oculto, ni se nombra.

Sigo buscando ese Ser

que si se encuentra, se asombra,

y sigo plasmando las letras

que mi alma desescombra.

Si, sigo habitando aquí,

mas ahora… habito en la sombra.

10 agosto 2020

Crismitra

Las horas infinitas

Y mientras contemplo las horas infinitas

espero tu reencuentro.

Y las notas de la esperanza

se mecen al compás de mis sueños.

De mis sueños…

De mis sueños de tenerte de nuevo,

de fundirme en tus abrazos,

de perderme en tus besos.

Y las horas, infinitas, caminan a paso lento,

sonriendo a mi deseo,

burlando a mi anhelo de tenerte de nuevo,

de sentirte a mi lado…

de perderme en tus besos…

M. Cristina Iglesias

crismitra@todos los derechos reservados.

Pasa los días el poeta

Y pasa los días el poeta observando la belleza.

La belleza en los besos de una madre,

en las manos de aquel hombre que labora,

en los pétalos rosados que se abren,

en las alas de la leve mariposa.

La belleza en los campos que se extienden

en laderas, y arboledas prodigiosas;

la belleza en las palabras de quién miente

a sabiendas de dejar un alma rota.

Y el poeta con sus versos embellece

cada beso, cada tarde, cada prosa,

pues así pasa el poeta por los días

observando la belleza en cada cosa.

M. Cristina Iglesias @todos los derechos reservados

QUIERO SER

Quiero ser tu ahora, tu ayer y tu mañana.

Quiero ser el metro que te espere,

la distancia que te abrace,

el suspiro que te consuele.

Quiero ser tu miedo y tu esperanza,

tu abrigo en las noches de invierno,

tu escudo, y tu lanza.

Quiero llevarte escondido a mi reino,

bailar a la luz de la luna,

perderme en tu besos,

hallarte en mi cama.

Amarte, tocarte, olerte,

sentir cada latido de tu alma,

y fundirme en tu ser para siempre,

y perderme en tu nada.

Quiero ser tu ahora, tu ayer… tu mañana.

Para R.D.

Varanasi 18 mayo 2020

¿Qué va a ser de mi? Cuando toser se convierte en un estigma

Aquí sigo, confinada después de 55 días en mi casa de Benarés, en India.

55 días en soledad, 55 días de altos y bajos, de idas y venidas, de alegrías y llantos. 55 días pero ¿cuántos más?

La incertidumbre del día a día se apodera de mi estado de ánimo. Sin saber cuando voy a poder volver a España con mi familia, los momentos de tristeza a veces se hacen intensos, a veces eternos, y casi siempre silenciosos.

¿Ver la luz al final del túnel? De momento, parece que no. Pero se que llegará el día en que salga de India, aunque un temor me ronda la cabeza desde el comienzo de este virus: ¿como voy a vivir en sociedad ahora, con mi tos crónica?

Una vez leí que Gandhi tenía tosecilla al amanecer y al anochecer durante toda su vida. Quizá una tos alérgica. Y lo mismo me sucede a mi. Tengo una tos crónica que se agrava en los momentos de nervios o de tensión. Y ahora, con la crisis del Covid-19, mi tos se convierte en estigma.

¿Qué pasará si me da un ataque de tos durante el embarque en el vuelo? ¿O si me pongo a toser en el avión, o a la entrada en la aduana? Y ya sin pensar en los vuelos, ¿que pasará cuando tosa en la calle, en el mercado, en la farmacia? ¿voy a ser una persona “non grata” por padecer tos crónica? Me inquieta la idea. Me inquieta el mundo que se avecina, en el que toser es ser un enfermo y besar es un delito. Me inquieta volver a mi casa y no poder abrazar a mi hija ni a mis padres después de muchos meses sin verles. Me inquieta la incertidumbre.

Quizá todo termine antes de lo que pensamos, y el mundo vuelva a la normalidad que conocimos, y que dimos por eterna. O quizá no, y vivir con tos crónica sea mi estigma de ahora en adelante.

Sea lo que sea… ¡seguiré haciendo mis ejercicios de respiración diarios! Y ahora que el aire está más puro, los haré con más intensidad. Y si aún no consigo recuperar mis pulmones… ¡que la tos me acompañe!

Varanasi, 13 mayo 2020

Caballo azul desbocado

Caballo azul desbocado.

Cabalgas en la noche entre las notas de tus versos, 

y tiñes de añil tus sueños

durante el día.

Con cargas pesadas en tus lomos,

siempre miras hacia delante

en busca de un nuevo horizonte.

Un horizonte azul,

un horizonte infinito,

un horizonte a la otra orilla de este mar,

en el que navegas,

a la deriva.

Caballo azul desbocado.

Bate tus alas para volar muy alto,

para llegar muy lejos,

para sentir muy grande.

Y cuando llegues al final de tu camino,

descansa.

Descansa en la dicha de tus recuerdos

pues tú,

caballo desbocado,

pintaste el mundo de azul

y forjaste,

en tu largo caminar,

un sendero de ilusiones en verso.

Y cabalgaste sin miedo al mañana,

esculpiendo tus sueños

en rocas imposibles,

dibujando besos en eclipses,

y promesas en papeles.

Porque tu alma fue libre

y tus pasos, 

los pasos firmes que te marcaron.

Caballo, azul, desbocado.

Para J.A.

M. Cristina Iglesias

Varanasi, 11 mayo 2020

Original abstract oil painting of a beautiful blue horse running. Author: Boyan Dimitrov

MI BENARÉS SILENCIOSA

Y dónde antes escuchaba ruido,

canciones, oraciones, movimiento…

ahora escucho silencio.

Y allí dónde las gentes se aglutinaban en procesión,

con devoción en el alma y cansancio en los pies,

ahora solo hay soledad.

Y dónde las formas estallaban

en explosiones de colores para los sentidos,

ahora solo hay grises uniformes.

Y aquellas aguas sagradas

que recibían cada día sus ofrendas,

sus cantos,

sus campanas al viento,

ahora se han purificado,

y fluyen libres de residuos

y llenas de vida.

Y aquellas escaleras donde las gentes se reunían al atardecer,

llenando cada peldaño con nuevas historias que contar,

ahora, reposan con sosiego al ardiente sol de mayo.

Esta es, hoy, mi Benarés silenciosa.

Benarés, 2 mayo 2020

Silencio en el ghat principal de Benarés.

VOLVEREMOS A ENCONTRARNOS

Anochece.

El suave mecerse de las hojas al viento me trae recuerdos del ayer. Recuerdos de aquel tiempo en que, a orillas del mar, jugabas con mi pelo, mientras el aire acariciaba nuestros rostros. Anochecía. Nuestros cuerpos desnudos expuestos a la luz del ocaso aún conservaban restos de sal. Nos miramos profundamente a los ojos, y entonces supimos que aquello era amor; pero no un amor cualquiera. Entendimos que aquel amor iba más allá de este tiempo, y del espacio en que nos encontrábamos. Entendimos que nuestras almas se habían reunido de nuevo para completar aquello que dejaron pendiente, aunque no sabíamos, aún, de qué se trataba.

Cayó la noche. El fuego de la hoguera que nos calentaba en aquella playa iluminaba nuestros rostros, y cubiertos con una simple tela, cantamos al ritmo de las estrellas, de la luna, de la paz de aquel mágico lugar.

Pero la magia no es eterna. Pronto tuvimos que separarnos, sin saber si el destino nos volvería a unir. Sin saber si volveríamos a vernos reflejados en los ojos del otro, sin saber si tus manos rozarían de nuevo mi cabello.

El tiempo pasó. No recuerdo cuantos años, ni cuantos minutos estuve alejada de ti. Solamente el recuerdo de aquellos días en la playa nutría mi memoria, y mi alma se estremecía cada vez que evocaba tus palabras: “Volveremos a encontrarnos”.

Por caprichos del destino, mucho tiempo después volví a aquel lugar de nuestro primer encuentro. Y sola, sentada en aquella orilla, escuchaba el murmullo del viento, que acariciaba mis cabellos. Anochecía. La nostalgia invadía mi ser, pues ni la distancia ni el tiempo habían borrado de mi corazón aquel bello encuentro, aquellos instantes junto a la hoguera, aquellas canciones…

Una silenciosa lágrima rodó por mi mejilla. No entendí si era de tristeza o de alegría, pues el solo hecho de saber que existías había llenado mi propia existencia todo aquel tiempo en que no supe de ti.

De pronto sentí una suave mano acariciando mi cabello, y una voz que, al oído, me susurraba unas palabras que ya conocía: “te lo dije, volveremos a encontrarnos”.

Secaste mis lágrimas con tus besos. Rodeaste mi tembloroso cuerpo con tus brazos, y así, en silencio, contemplamos como la luna aparecía por el horizonte, besando a la mar en un encuentro inesperado.

Anochece. Y tu recuerdo ha vuelto a mi mente. Y tú ausencia sigue estando presente en cada día de mi vida, pues después de tu partida, esta vez sin punto de retorno, no se cuando volveremos a encontrarnos.

Pero cuando lo hagamos reconoceré tus manos, y tu mirada, y el tacto de nuestra piel me trasladará a un mundo que me será conocido, aunque no pueda recordarlo con claridad. Y quizá, o quizá no, escucharé el eco de unas palabras que al viento me susurren: “te lo dije… volveremos a encontrarnos”.

Narración…