REFLEXIONES DE DOMINGO

No me gusta hacer demagogia, pero tampoco puedo permanecer impasible ante lo que sucede a mi alrededor. Situaciones que me hacen cuestionarme, como muchos filósofos hicieron en el pasado y siguen haciendo hoy, si el ser humano es bueno o malo por naturaleza, sin olvidarme, por supuesto, de que ya de por sí bueno y malo son simples conceptos creados por el propio ser humano…

Por eso la reflexión que hoy hago tiene que ver con la violencia que veo a mi alrededor, y la forma de tratarla.

Jean Jacques Rousseau

Esta semana ha sido «notición» la bofetada de Will Smith a Chris Rock. Una salida de tono en mitad de una gala vista por millones de personas en todo el mundo, en la que el agresor, minutos más tarde de pegar a un compañero por una simple broma (dejemos de lado el debate de si la broma era o no pesada) es premiado con la estatuilla a la mejor interpretación masculina de cine, y aplaudido por todos su compañeros y compañeras.

Lo vimos, lo juzgamos, y ahí se quedó: Chris Rock con su bofetada (que, por cierto, nadie le ha halagado su comportamiento tras recibir el golpe, pero su actitud frente a lo sucedido sí ha sido de Óscar), y Will Smith con la estatuilla en la vitrina de su casa.

Cierre de telón.

Siempre me ha gustado el tenis, pero últimamente me he aficionado más a seguirlo por televisión, tras la victoria de Nadal en el Open de Australia. Y después de años sin ver tenis, ¿qué me he encontrado? A muchos, muchos jugadores mostrando una violencia en la pista, tanto verbal como física (autolesiones) que me hace cuestionarme donde se han quedado la deportividad y la elegancia que caracterizaban a este deporte. Y lo triste es que en este caso tampoco la violencia tiene grandes consecuencias, y los partidos continúan como si no pasara nada.

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué normalizamos tanto la violencia? ¿Queremos una sociedad justa, bella, seres humanos que se apoyen y se amen, o queremos un mundo loco en el que las agresiones, sean del tipo que sean, pasen a formar parte de nuestras vidas haciendo de ellas algo tan habitual que ya ni nos afecten?

Vivimos en la era de la tecnología, en la era de la comunicación. Pero nuestras mentes cada vez están más aletargadas, dominadas por la información pasajera que no nos permite pararnos a cuestionar nada, pues mañana ya no es noticia. Y quizá, sin quererlo, estamos trasmitiendo a la nuevas generaciones que todo vale: que puedes ser un número uno del deporte e insultar y pegar sin que pase nada; que puedes ser el mejor actor de cine y agredir como y cuando quieras, y después ser premiado; que puedes invadir un país a tu antojo, matando a personas inocentes, mientras un estadio lleno de seguidores ciegos te ovacionan…

A veces me he dicho a mí misma la frase de Groucho Marx: «¡que paren el mundo, que yo me bajo!». Pero me gusta soñar con un mundo mejor en el que poder vivir sin tener que «bajarme». Un mundo en el que las guerras, la violencia gratuita, las desigualdades, la pobreza, las injusticas y tantas otras creaciones sociales, no existan. Por eso me quedo con «Imagine», de John Lennon:

«Puedes decir que soy una soñadora

pero no soy la única.

Espero que algún día te unas a nosotros

y el mundo vibre como uno»

Y seguiré soñando, y reflexionando, y compartiendo mis pensamientos con quien quiera leerlos, sentirlos, interiorizarlos. Porque a pesar de lo que veo a mi alrededor, sigo creyendo en el potencial del ser humano hacia la bondad, y sigo promulgando una elevación de conciencia que es la única que puede ayudarnos a salir de este mundo loco en el que vivimos.

OM

Al 2020 le agradezco…

Poco a poco se va terminando este año 2020 que tan de cabeza nos ha traído. Un año marcado por la pandemia, por la incertidumbre sobre el futuro, por la inestabilidad económica y mental. Y, sin embargo, ahora que el año está tocando a su fin, quiero agradecerle varias cosas y despedirme de él con buen sabor de boca, porque este, sin duda, será un año que jamás olvidaré.

Gracias, 2020, por enseñarme a vivir el día a día. Porque nos has demostrado que todos los planes que podamos hacer son tan frágiles como nosotros mismos, y que lo que tenemos a cada momento es lo único real a lo que nos podemos agarrar de verdad.

Gracias, 2020, porque me has hecho mirar hacia adentro, y me has ayudado a ver quien era realmente y en qué momento de mi evolución me encontraba. No ha sido un encuentro de lo más agradable, no, pero si muy esperanzador pues ahora se de qué punto debo de partir para seguir mi proceso de evolución.

Gracias, 2020, porque me has ayudado a trabajar el desapego desde la raíz, separándome de manera indefinida de aquello que tanto amo. Y ahora que ya he pasado por el dolor de la separación, puedo mirar al futuro con tranquilidad y esperanza, pero sin tiempo definido y, quizá ya por fin, sin apego.

Gracias, 2020, porque me has enseñado a valorar de manera muy especial mi salud y la de mis seres queridos. Y no solo la de los más cercanos, sino la de todos aquellos que se han cruzado en mi camino, anteponiendo sus necesidades a las mías, y respetándoles en su distanciamiento.

Gracias, 2020, porque me has demostrado lo fuertes que podemos llegar a ser los seres humanos, y la capacidad de adaptación que tenemos ante las adversidades. Y eso nos hace una raza privilegiada, aunque no seamos a veces conscientes de ese privilegio y lo mal utilicemos.

Gracias, 2020, porque me has enseñado quienes estaban cerca de mi de verdad, y quienes estaban solo de paso. Porque me has unido con mis seres queridos, y me has enseñado a trabajar más a fondo la empatía.

Gracias, 2020, por recordarme lo frágil que soy. Por recordarme que estoy aquí de tránsito, y que ese tránsito puede ser largo, o puede terminar ahora mismo. La muerte está ahí, caminando siempre de la mano. Es solo un segundo, y el hilo que nos une a la vida se corta y el alma se transmuta. Esa fragilidad, esa vulnerabilidad me ayuda a llevar mis días con más alegría. Gracias, 2020.

Que los seres que se han marchado este año hayan encontrado su camino hacia la Luz.

Que los que aquí seguimos, continuemos aprendiendo con cada oportunidad que la vida nos brinde.

Que la conciencia colectiva se convierta en la mejor arma para la supervivencia de nuestra especie.

Que el 2021 me permita seguir aprendiendo.

Gracias, 2020. Y hasta siempre…

¿Qué va a ser de mi? Cuando toser se convierte en un estigma

Aquí sigo, confinada después de 55 días en mi casa de Benarés, en India.

55 días en soledad, 55 días de altos y bajos, de idas y venidas, de alegrías y llantos. 55 días pero ¿cuántos más?

La incertidumbre del día a día se apodera de mi estado de ánimo. Sin saber cuando voy a poder volver a España con mi familia, los momentos de tristeza a veces se hacen intensos, a veces eternos, y casi siempre silenciosos.

¿Ver la luz al final del túnel? De momento, parece que no. Pero se que llegará el día en que salga de India, aunque un temor me ronda la cabeza desde el comienzo de este virus: ¿como voy a vivir en sociedad ahora, con mi tos crónica?

Una vez leí que Gandhi tenía tosecilla al amanecer y al anochecer durante toda su vida. Quizá una tos alérgica. Y lo mismo me sucede a mi. Tengo una tos crónica que se agrava en los momentos de nervios o de tensión. Y ahora, con la crisis del Covid-19, mi tos se convierte en estigma.

¿Qué pasará si me da un ataque de tos durante el embarque en el vuelo? ¿O si me pongo a toser en el avión, o a la entrada en la aduana? Y ya sin pensar en los vuelos, ¿que pasará cuando tosa en la calle, en el mercado, en la farmacia? ¿voy a ser una persona «non grata» por padecer tos crónica? Me inquieta la idea. Me inquieta el mundo que se avecina, en el que toser es ser un enfermo y besar es un delito. Me inquieta volver a mi casa y no poder abrazar a mi hija ni a mis padres después de muchos meses sin verles. Me inquieta la incertidumbre.

Quizá todo termine antes de lo que pensamos, y el mundo vuelva a la normalidad que conocimos, y que dimos por eterna. O quizá no, y vivir con tos crónica sea mi estigma de ahora en adelante.

Sea lo que sea… ¡seguiré haciendo mis ejercicios de respiración diarios! Y ahora que el aire está más puro, los haré con más intensidad. Y si aún no consigo recuperar mis pulmones… ¡que la tos me acompañe!

Varanasi, 13 mayo 2020

Jugando con la poesía en tiempo de cuarentena

Como muchos sabéis, estoy pasando esta cuarentena confinada en mi casita de la ciudad de Varanasi, India. Los días son largos, y gracias a internet podemos estar en contacto los unos con los otros.

Hace unos días quería escribir algún poema pero no tenía inspiración, pues en los momentos difíciles a veces la mente se bloquea (seguro que lo habéis experimentado). Entonces, se me ocurrió un juego «poético». En mi muro de Facebook le pedí a mis amigos que me dejaran una palabra en los comentarios, para, al llegar a 15 palabras, hacer un poema con todas ellas. Hubo algunas personas que se animaron a participar, y a mi me ayudó a crear de nuevo.

He hecho el juego de los poemas 5 días, y estos son los resultados.

30 marzo

Las palabras eran: sartén, Tafalla, muchas, humildad, paciencia, sinceridad, amor, fuerza, dificultad, igualdad, vivir, amistad, utopía y tristeza.

Y este fue el poema:

Vivimos tiempos complicados,
de una gran dificultad,
en las casas, confinados,
con falta de libertad.

Unos sienten más tristeza,
otros buscan amistad,
otros tienen más paciencia
para el momento pasar.

Pero hay algo que nos une
a toda la humanidad:
ese amor y esa fuerza,
y esas ganas de luchar.

Pensemos en el futuro
con mucha sinceridad,
y hagamos la utopía
convertirse en realidad.

Creemos un nuevo mundo
donde reine la igualdad,
la belleza, la armonía,
donde reine la humildad.

Una gran sartén que abarque
al planeta en su unidad:
con Tafalla, Varanasi,
Creta, Roma… ¡y Gibraltar!

Un planeta, una raza,
vivir un mundo de paz…

Son mis plegarias en verso…
¡gracias por participar!

31 marzo

Las palabras eran: unidos, bailar, resistencia, compasión, aguantar, sensibilidad, barca, sosiego, tarde, delirante, trabajo, calabacín, inteligencia, luna, escoba y alma.

Y este fue el poema:

Una tarde delirante
me propuse redactar
algún verso extravagante
que se pudiera bailar.

Me imaginé en una barca
que me llevaba a la mar,
y surcaba mil comarcas
en su triste confinar.

Oponía resistencia,
no lo quería aceptar,
mas, con paz e inteligencia
pensé: «lo puedo aguantar».

Sentí compasión en el alma
por toda la humanidad,
sentí por dentro la calma,
sentí sosiego y bondad.

Vi seres que estaban sumidos
en trabajo de humildad,
en silencio, mas unidos
por su sensibilidad.

La luna adornaba mi alcoba,
olía a calabacín;
desperté, cogí mi escoba.
Mi sueño, llegó a su fin…

1 abril

Las palabras eran: consciencia, gafe, responsabilidad, espera, confianza, lejos, arco iris, mejorar, sobrevivir, despertar, salud, compasión, amor, felicidad y humildad.

Y este fue el poema:

Sí, brillará el arco iris,
volverá a salir el sol,
y esta espera tan eterna
quedará lejos, muy lejos,
y traerá salud y amor.

Abriremos la consciencia,
tendremos un despertar,
y con confianza y paciencia
avanzaremos unidos
hacia la felicidad.

Tengamos paz en el alma,
compasión, luz, humildad;
sobrevivir es posible
mas no olvides cada día
tu responsabilidad.

No soy gafe, no lo creo,
puedes en mi confiar,
y confía en estos versos
que con cariño te dicen
que todo va a mejorar…

3 abril

Las palabras eran: encantadora, sonrisa, amistad, fuerza, esperanza, ámbar, eternidad, flor, desamor, casa, fin de semana, luz, suerte, cariño, repatriación, gato y amor…

Este día, hice dos poemas.

Poema 1

Una luz encantadora
invade mi corazón
cuando miro a aquella flor.

Ella llena de esperanza
mi casa, y todo el balcón,
de amistad, fuerza y amor.

Y mi viejo gato «Ámbar»
que es gordito y juguetón
también ama a aquella flor.

Yo la mimo con cariño
pues me da suerte un montón
y cura mi desamor.

Y cada fin de semana
(si no hay repatriación)
disfrutaré su esplendor…

Para mi flor encantada
eternidad quise yo…
mas un día… marchitó.

Pero aunque no esté conmigo
cuando salgo a mi balcón
¡sigo sintiendo su olor!

Poema 2

Veo luz en la sonrisa
de la gente alrededor,
una luz encantadora
que inspira esperanza y amor.

La amistad hace la fuerza
que vence hasta el desamor,
y el cariño que nos une
traerá suerte al corazón.

Y ni veinte gatos negros
romperán la fuerte unión
que han tenido nuestras vidas
en esta repatriación.

Volveremos pronto a casa,
cada uno con su avión,
y quizá un fin de semana
nos veremos… quizá no.

Pero nunca olvidaremos,
por toda la eternidad,
el ámbar de aquella bandera
que fue un día nuestro hogar.

Y que aquella flor de loto
que ondeaba, singular,
nos recuerde aquellos días
en nuestra India inmortal…

Este poema se lo dediqué a los hispanos que, como yo, están en Varanasi y con los que nos comunicamos en un grupo de Whatsap.

5 abril

Las palabras eran: valentía, caridad, gratitud, amor, desafío, vela, realidad, tierra, compasión, locura, Universo, esperanza, florecido, olores, cielo.

Y este fue el poema:

Sembremos una gota de esperanza,
regémosla con gratitud y amor,
pongamos una vela al Universo
en un gran desafío de ilusión.

Tengamos valentía en estos tiempos,
son tiempos de locura y de dolor,
mas esta realidad que estás viviendo
traerá a nuestra Tierra compasión.

Y pronto volverás a ver el cielo,
y el aire traerá olores y frescor,
y el nuevo ser humano, florecido,
tendrá, al fin, caridad de corazón.

Estoy muy contenta, porque la gente ha participado y se han parado a leer poesía… y a mi me ha servido para ejercitar mis pequeñas dotes poéticas, y para disfrutar mucho creando…

Seguiré jugando con mis amigos de Facebook al juego de las poesías… ¡gracias!

Mi cuarentena en India

La humanidad está pasando por un momento clave. La crisis del Coronavirus nos ha pillado a todos/as de imprevisto: unos de viaje de turismo, otros de viaje de negocios, algunos de vacaciones en el pueblo, otros visitando a un familiar en el hospital o en la residencia.

Y de pronto nos llega la noticia: a partir de mañana nadie puede salir a la calle, más que para comprar comida o medicinas.

Y ese mundo que conocíamos y que creíamos que era eterno… se nos cae encima… Y tratando de comprender lo que está sucediendo, intentamos correr a refugiarnos en el lugar en el que nos sentimos más seguros: volver a casa, con la familia.

Pero a algunos de nosotros no nos dio tiempo a hacerlo. Las noticias de los bloqueos de los aeropuertos, de los cierres de las fronteras, corrieron tanto como el Coronavirus, y en cuestión de dos o tres días, vimos como todos nuestros vuelos de vuelta a casa se cancelaban a la hora de comprarlos. Y llenos de angustia, de temor, de frustración, tuvimos que tirar la toalla.

Aeropuerto de Nueva Delhi

En India somos en este momento unos 300 españoles que se han quedado «atrapados» por la crisis del Coronavirus. Unos en mejores condiciones que otros, pero todos indefensos ante la imposibilidad de volver a nuestro país, de volver con nuestras familias.

Según pasaban los días las medidas de contención en el país eran más duras: primero, a los extranjeros se nos prohibió salir de casa, ni siquiera para ir a la compra. Incluso en algunos estados se obligó a la gente a hacerse un test de Coronavirus para poder seguir en el alojamiento en el que estaban.

Días después, el domingo 22, el gobierno anunció un día de cuarentena global, para los 1.300 millones de personas que habitan el sub-continente indio.

Y el día 23, definitivamente se cerró el país, en una cuarentena forzada de 21 días.

Ghat principal de Varanasi

Los españoles que estamos aquí, fuimos viendo como poco a poco se nos acotaban las posibilidades de salir: cierres de carreteras, de trenes, y, finalmente, del espacio aéreo doméstico.

Ahora todos los habitantes del país están en casa. El gobierno ha permitido que los hoteles en los que hay extranjeros sigan abiertos, pero muchos están echando a la gente a la calle. Además, la hostilidad de algunos habitantes del país contra los extranjeros, hace que salir a la compra sea todo un ejercicio de valor, y que encontrarse sin alojamiento, una angustia sin precedentes.

La embajada de España en India está, desde el principio, apoyando a los españoles vía redes sociales, con una atención maravillosa, pero sin poder ofrecer soluciones a los que aquí nos encontramos, ya que las ordenes de repatriación tienen que venir del Ministerio del Interior, y aunque están «recogiendo» ciudadanos de algunos otros países, parece que India aún no está dentro de sus planes (quizá, según se dice, por la dificultad de negociar con el gobierno de India).

Así que después de 7 días de cuarentena, aquí seguimos, resignados a esperar a que pase este pico de alerta mundial y con la esperanza de poder volver pronto a casa, pues aunque la situación en India, inicialmente, no es muy alarmante (a día de hoy hay 624 casos activos), algunos temen que la epidemia se extienda por el país, lo que provocaría un caos social.

De momento, seguimos estando bien. El país tiene suministros de comida, de agua, de electricidad, y aunque algunos ciudadanos no se toman la cuarentena en serio, la policía está alerta y deteniendo a quien esté por la calle de manera injustificada.

Es un gran reto mantener a 1.300 millones de personas confinados en sus casas durante 21 días, pero quizá es el único modo de contener la pandemia en India.

¡Ojalá el calor, las cuarentenas y el esfuerzo que todos/as las personas estamos haciendo a lo largo y ancho del planeta, haga que pronto la «crisis» del Coronavirus sea una anécdota más que contar a nuestros nietos…!

Desde Varanasi, ¡mucho ánimo y mucho amor!

María Cristina Iglesias

LA TIERRA DESCANSA

Y ahora, la Tierra descansa.

Descansa de ese humano

que durante siglos

la ha sometido,

la ha maltratado,

la ha dominado.

Ahora la Tierra descansa libre,

al fin,

del yugo del hombre

que la esclaviza sin escrúpulos.

Es su momento de paz.

Sin humos.

Sin atascos.

Sin fábricas.

Sin vehículos.

Sin ruido.

Sin masas.

Sin turistas.

Sin aviones.

Con vida.

Ahora es su momento,

y la primavera lo celebra a lo grande.

Las aguas vuelven a ser claras;

los delfines nadan libres,

sin miedo a las redes,

ni a los cruceros;

las aves vuelan sin temor

a ser cazadas;

los campos se regocijan,

la Tierra se regenera,

se cura.

Está sanando sus heridas,

a la vez que nos advierte:

«Cuidadme, pues soy más poderosa que vosotros.

Y con tan solo un virus, puedo destruiros.

Cuidadme, pues me necesitáis para sobrevivir,

porque soy vuestra Madre,

y sin mi, no sois nada.

Cuidadme, hijos, cuidadme.

Cuando despertéis de este mal sueño,

no os olvidéis de la gran lección que os estoy dando.

Cuidadme.»

La Tierra nos habla.

Escuchemos su mensaje,

sintamos su alegría,

su despertar…

su sanación.

Y cuando acabe este mal sueño,

cuidemos de ella como cuidamos de nuestros hijos,

de nuestras madres.

Pero ahora,

simplemente,

dejémosla ser.

Ahora, la Tierra descansa…

Crismitra@todos los derechos reservados.

¿Alguna enseñanza del Covid-19?

No están siendo momentos fáciles para la raza humana. Desde que en diciembre de 2019 estallara el virus del Covid-19 (o coronavirus) en la provincia de Wuhan, China, el mundo se ha estado resintiendo, poco a poco, de la expansión de este virus, que parece correr como el viento.

En la actualidad 110 países del mundo tienen casos de personas que presentan síntomas de esta «gripe» para la que nuestro sistema inmune no está aún preparado.

En algunos lugares como Italia, España, Irán (entre otros muchos), las medidas tomadas por los gobiernos para frenar los contagios masivos están siendo tomadas por parte de la población casi como un apocalipsis, sembrando en pánico social.

Este virus nos está afectando a todas/os, directa o indirectamente. Negocios, viajes, colegios, turismo, sanidad… Todos los sectores de este conglomerado capitalista están tocados por el Covid-19. Porque vivimos en un mundo engrando en el que todo está unido de una u otra manera.

Pero podemos intentar sacar alguna enseñanza positiva de esta situación por la que estamos pasando, ¿no?

  • Aprender a respirar: están circulando vídeos por las redes en los que se insta a la población a hacer un «auto test» de los pulmones, cogiendo aire y reteniéndolo unos segundos. Si no se produce ninguna tos o ahogamiento, entonces es que nuestros bronquios están limpios. Este ejercicio en yoga se llama «pranayama», y es muy útil para calmar la mente, además de para aprender a respirar más conscientemente.
  • Solidaridad: como es un virus que no distingue de razas, religiones, culturas, todos estamos más pendientes de los demás: de familiares que están en la distancia, de amigos que viven en países más afectados… es un virus de la raza humana: todos somos uno.
  • Vivir el día a día: la confusión está creada. Aunque no queramos que nos afecte, por un lado o por otro nos vemos atrapados en situaciones que no sabemos cuanto van a durar. Así que, en este momento, tenemos que vivir el día a día pues hacer planes de futuro parece un poco arriesgado, ante la incertidumbre de como va a seguir afectando el virus al engranaje social.
  • Ser conscientes de la impermanencia: los seres humanos creemos que lo tenemos todo «controlado». Damos por echo que vamos a seguir aquí siempre, que vamos a conservar nuestro trabajo porque tenemos un contrato indefinido, o que vamos a tener siempre nuestras comodidades. Pero el virus nos está enseñando que no es así. Que todo es impermanente, que todo cambia constantemente y que no podemos dar nada por sentado.
  • Humildad: en este mismo sentido, aprendamos que somos vulnerables. Que este planeta no nos pertenece; que no tenemos el mundo en nuestras manos. Somos frágiles, mucho más de lo que pensamos. Y si somos conscientes de ellos, aprenderemos a vivir con humildad y agradecimiento por todo lo que tenemos cada día.
  • Aprender a estar con nosotros mismos: el virus está obligando a muchas personas a no moverse de casa (véase el caso de China e Italia). No estamos acostumbrados a estar en un solo lugar, a estar «encerrados», «sin hacer nada», «aburridos». Pero quizá esto sea una oportunidad para encontrarnos, para sentirnos, para aprender a observar, a disfrutar de la familia, de un libro, de una película. También para los niños es una oportunidad de crecimiento, de aprender a estar con ellos mismos sin necesidad de distracciones constantes. Esto, es un gran beneficio…

No son momentos fáciles. Pero quizá este virus ha venido a sacudirnos para enseñarnos algo…

Meditemos, respiremos, confiemos. Y, cada uno desde su creencia o práctica, unamos nuestras energías para que las cosas se calmen pronto, y podamos recuperar, al menos, la cordura…

Crismitra, 11 marzo 2020

En el río de la vida

¿Cuánto avanza esa barca que fluye a contracorriente?

¿Cuan inmenso es el esfuerzo del remero que marcha, lentamente, hacia su destino?

A diferencia de él,

aquel barquero que viaja corriente abajo

fluye sutilmente,

llegando a su destino con una sonrisa complaciente.

Mientras que el remero

que se esforzó en ir en dirección opuesta al río,

cuando llega a su destino se encuentra exhausto,

sudoroso,

vencido.

Sin ánimos ni fuerzas de continuar su camino.

Seamos como el barquero que, feliz,

ha llegado a su menta

sabiendo que ese era el camino correcto.

Fluyamos,

fluyamos en el río de la vida,

y que la corriente sea nuestra guía.

Crismitra @todos los derechos reservados

Reflexión

Fuera brilla el sol.

Adentro habitan la ira,

el miedo, el deseo.

El frío se apodera de la calma,

cubriéndola de dudas.

huesos fríos expuestos al calor

de la mañana.

Frías paredes recubriendo el alma.

Mas un esperanza se cierne

sobre la mente pensante:

fuera, sin que puedas verlo ahora,

brilla el sol.

Crismitra@todos los derechos reservados.

¿La destrucción del planeta o el fracaso de la evolución?

Después de mucho tiempo escuchando y leyendo artículos sobre la destrucción del planeta; después de leer a los pro y anti GRETA; después de reflexionar profundamente sobre el tema esta es mi conclusión:

NO ESTAMOS DESTRUYENDO EL PLANETA.

Dejemos de un lado ese mensaje etnocéntrico, egoísta, ignorante, manipulado por las grandes empresas que juegan con nosotros, y démonos por fin cuenta de que ¡SOMOS NOSOTROS LOS QUE NOS ESTAMOS DESTRUYENDO!

El planeta Tierra se formó hace unos 4.400.000.000 años (cuatro mil cuatrocientos millones de años), y el Homo Sapiens (que, quien le puso ese nombre andaba también un poco despistado) lleva sobre la Tierra (que se sepa) 315.000 años… Es decir que la Tierra lleva nada menos que 4.399.685.000 años (es decir, cuatro mil trescientos noventa y nueve millones seiscientos ochenta y cinto mil años) sin presencia del hombre sobre ella… ¿Y de verdad creemos que tenemos el poder de destruirla? ¡ciegos!

No, nos estamos destruyendo a nosotros mismos en un lento pero seguro auto-aniquilamiento. Comemos venenos, bebemos aguas contaminadas, respiramos aire polucionado, nos quedamos poco a poco sin la protección de la capa de Ozono contra los rayos solares… Pero eso no va a destruir el Planeta, no. Nos va a hacer desaparecer a nosotros y a muchas otras especies… pues gracias a la grandeza del Universo, el planeta Tierra seguirá aquí y se recompondrá (sino, el Universo entero colapsaría, ¿o no?).

Así que si queremos que nuestros hijos y nuestros nietos vivan, que puedan respirar sin tener que comprar oxígeno en las tiendas, que puedan comer si desarrollar un cáncer a una edad temprana… ¡SALVÉMONOS A NOSOTROS MISMOS!

EL FRACASO DE LA EVOLUCIÓN

Creamos o no en la teoría evolutiva, o creamos en alguna otra religión que diga que fuimos «creados» a imagen y semejanza del alguien, en vista de los resultados obtenidos en estos 315.000 años como especie, parece que el fracaso evolutivo es más que evidente.

Se dice que somos el eslabón más alto de esta cadena evolutiva a la que pertenecen también los minerales, los vegetales y los animales . A lo largo de esta evolución milenaria hemos desarrollado una consciencia que parece ser que es la que nos diferencia del resto de las mencionadas especies. Es decir, que se supone que somos «lo mejor» que ha creado la evolución (o Dios en su defecto)… Bueno, pues en vista de los resultados obtenidos, parece que la cadena evolutiva ha cometido algún error en algún punto, y que ese animal que se transformó en homo sapiens y que desarrolló la consciencia tiene de todo menos eso, consciencia. Por eso el planeta está sufriendo, por eso nos estamos auto-destruyendo poco a poco, porque no estamos conectados con aquello que nos fue entregado, o que fue evolucionando en nosotros. Vivimos, sin duda, inconscientemente, destruyendo aquello que nos ha creado: la vida, el planeta, la tierra.

Quizá en un futuro ocurra lo mismo con las máquinas y los robots que ahora nosotros estamos «creando», con esa «inteligencia artificial» de la se empieza a oír hablar tanto. Quizá se vuelvan en nuestra contra, como lo estamos haciendo nosotros contra la naturaleza, y sean esos mismos robots los que nos destruyan, o al menos lo intenten. Suena a ciencia-ficción ¿verdad? A mi la «realidad» en la que vivimos también me lo parece… tristemente…

Pero existe una solución, y es la educación. No solamente la educación medioambiental, sino la educación en consciencia. Hagamos que los chicos y chicas de las nuevas generaciones vivan de manera armoniosa, y que sean conscientes de que, si seguimos el camino que «la modernindad» nos está obligando a llevar, terminaremos desapareciendo como especie en este bello planeta. Cambiemos el discurso de «destruir el planeta» por el discurso de «salvarnos como especie». Quizá, de este modo, podamos entender mejor la necesidad del despertar de la consciencia…

Con mucho cariño, para y por el planeta y las especies que lo habitan.

Namaste.