No pude retenerla…

No pude retenerla…
La vida me la entregó y yo se la devolví a la vida para que viviera, para que soñara, para que disfrutara de sus propias experiencias, sin depender de mí.

No pude retenerla…
El dolor de mi corazón es tan grande que solo se consuela sabiendo que ella ahora es feliz, que tiene lo que yo no le supe entregar, porque para mi ese no es el Camino, pero para ella de momento sí.

No pude retenerla.
Ni tampoco renunciar a mi vida por la suya. Trato de enseñarle que el verdadero amor es el que nos da la libertad de ser quienes somos, independientemente de los apegos. Que el verdadero amor existe siempre, sin tiempo ni distancia. No la amo menos por estar sin ella, sino aún más… si cabe… más…

Y sólo encontré un modo de hacer realidad sus ilusiones: no retenerla sino dejarla volar.

Si… no pude retenerla, pero ahora ella es feliz.

Varanasi, 6 de febrero 2018

El cole de Ananda

Este domingo en el colegio de Ananda en Varanasi, Vidyashram, The South Point School, hubo una jornada de puertas abiertas en la que todos los padres, amigos y familiares estaban invitados a visitar todas las instalaciones del colegio, las aulas y los pequeños rincones que siempre sentimos curiosidad por ver pero a los que nunca nos dejan entrar a los padres.

Vista del patio del colegio

Fue muy bonito porque The South Point es un colegio pequeño, con una educación basada principlamente en la transmisión de valores como la importancia del reciclaje o el cuidado del medio ambiente, y en esta ocasión pudimos entrar en las aulas, ver los trabajos que nuestros hijos/as están haciendo, participar en juegos preparados y conducidos por los propios alumnos, escuchar un poco de música y comer comida tradicional india.

Carta de Ananda a su amiga Shakya

Historia de Ananda

Clase de Ananda

Ananda se lo pasó fenomenal con su amiga Shakya y su hermano. ¡No se quería marchar!

Ananda, Shakya y su hermano

El duelo en los niños

Hace ya casi 3 meses que Paris se fue de nuestro lado. Durante este tiempo yo he buscado información, leo e intento procesar el duelo por el que estoy pasando, el luto por la pérdida de mi pareja, pero ¿y Ananda? ¿Como está viviendo ella este proceso? ¿Como se siente ante la muerte de su papá?

Creo que Ananda está viviendo este proceso como deberíamos hacerlo todos: aceptando la pérdida de manera natural.

Ella ha formado parte activa de toda la enfermedad de Paris; nos acompañaba a los médicos, estaba durante las visitas de las doctoras de paliativos, a las que cogió gran cariño, e iba viendo como día a día su papá iba tendiendo menos energía. Además casi desde el momento en que lo supimos le anticipé a Ananda lo que podía suceder, aunque nunca la hice perder la esperanza de la curación, al igual que yo no la perdí.

Pienso que todo esto, el formar parte de la enfermedad de su padre, la ha ayudado a ver y entender la muerte como algo normal que tiene que sucedernos a todos, aunque aún es pequeña, y posiblemente no tenga una conciencia plena de lo que significa la separación de la muerte.

Desde que Paris se fue hemos hablado siempre con naturalidad de él, de lo que le gustaba, de lo que solíamos hacer juntos. Ella saca poco el tema de su papá, pero alguna vez si que ha expresado que se acuerda de él pero que el recuerdo no la pone triste. Le echa de menos, dice, pero no llora por ello.

El primer mes me preocupé ante la aparente falta de reacción de Ananda por lo sucedido, pero ahora entiendo que ella, en su mundo interior, pasa por el duelo de una manera diferente a como yo lo hago. Es el duelo de una niña de 5 años (casi), que entiende la vida y la muerte desde otra perspectiva; que sigue sintiendose segura pues tiene a su lado a su mamá, a sus abuelos, a sus amiguitos; que entiende aunque no comparte el sufrimiento de su madre y que crecerá, posiblemente, con un vago recuerdo de todo lo que ha ocurrido, y con buenos recuerdos de los años vividos junto a su papá.

En el libro que estoy leyendo ahora “Como crecer a través del duelo” de Rosette Poletti y Barbara Dobbs, hay un capitulo interesante que trata sobre el duelo en los niños.

Algunas cosas de las que se habla en este capítulo:
– que en los últimos años, las investigaciones han demostrado lo importante que es implicar a un niño en el proceso de duelo familiar (hubo unos años en que el proceso del luto era un tabú para los niños, así como la enfermedad y la muerte. Se les ocultaba, se les mantenía al márgen de esos sucesos y se evitaba llorar ante los niños. Se ha demostrado que esto ha creado trumas en esos niños, bien en la infancia o una vez adultos).

– que los niños necesitan ver las cosas y comprenderlas. Hay que explicarles a los niños lo que está sucediendo para que ellos puedan elaborar su propio duelo.

Dice el libro: “Cuando se va a morir una persona muy querida por el niño, tanto si se trata de un abuelo, de un amigo o de un conocido, es esencial que se le informe de ello y que se comparta con él todo cuanto sepan los demás. A un niño no se le puede ocultar nada, pues lo presiente. Sabe que algo está ocurriendo a su alrededor y, si s relegado al silencio, sus niveles de ansiedad pueden llegar a aumentar considerablemente”.

“Un niño es mucho más fuerte de lo que seguramente hemos imaginado durante mucho tiempo; posee un sinfín de recursos increíbles con los que poder enfrentarse a la realidad. Simplemente será recomendable que aquellos que informen al niño del deceso sean personas que le quieran y que sean capaces de tomarse el tiempo necesario para decirle las cosas con calma”.

Incluso apunta que en algunos casos es recomendable que el niño vea a la persona antes de morir, e incluso que esté presente en el momento de la muerte (esto, dice, depende de la calidad del apoyo que tenga en su entorno). También dice que si el niño lo pide se le debería dejar ver el cadáver, aunque esto depende un poco de la edad.

Por el contrario no recomienda que los niños menores de 12 a 14 años vean el momento del cierre del ataud por lo que ello implica de separación, y por el dolor que se genera en el resto de las personas que están presentes.

Tampoco recomienda que acudan al entierro niños menores de entre 2 a 6 años (Ananda si que participó en el rito de despedida de Paris, y creo que tiene un buen recuerdo de ello).

Sigue diciendo el libro:

“Con frecuencia, el niño que está pasando por un proceso de duelo parece no sentir nada. Al igual de lo que sucede con los adultos, las reaccines son únicas y personales. Están relacionadas con el tipo de vínculo que unía al niño con la persona fallecida, así como con el ipo de apoyo ofrecido por el entorno, con su edad y con su carácter”.

Apunta también que “hacer llora a los niños que quieren ignorar que están sufriendo es el mejor favor que podéis hacerles”.

Y que “la forma en la que el niño viva sus primeros duelos será la que establezca las bases de todos los duelos futuros”.

Por último, quiero recomendar un par de libros que pueden ayudar a los más pequeños a vivir y entender la pérdida y el duelo.

Uno de ellos se llama “Siempre te querré, pequeñín”, de Debi Gliori, y el otro es “Para siempre”, de Alan Durant y Debi Glori.

Meditaciones para niños

Hace cuatro años, en sus primeros Reyes Magos, compré este libro y otro de la misma serie para Ananda. Nunca se lo había leído ya que al no tener dibujos ella no sentía interés por él.
Hace unos días, al irse a acostar estaba muy inquieta. Entonces pensé en el libro y la leí una de las meditaciones. ¡Fue milagroso! Al poco tiempo se quedó dormida.
Ahora todas las noches me pide que la lea el libro “normal”, algun cuento con dibujos, y me dice : “Y después el de la estrella”.
A ella le sirve para visualizar, relajarse y sentir, y a mi para relajarme y dejar volar mi imaginación.
Es una colección de cuatro libros, y son muy lindos. Merecen la pena.