VOLVEREMOS A ENCONTRARNOS

Anochece.

El suave mecerse de las hojas al viento me trae recuerdos del ayer. Recuerdos de aquel tiempo en que, a orillas del mar, jugabas con mi pelo, mientras el aire acariciaba nuestros rostros. Anochecía. Nuestros cuerpos desnudos expuestos a la luz del ocaso aún conservaban restos de sal. Nos miramos profundamente a los ojos, y entonces supimos que aquello era amor; pero no un amor cualquiera. Entendimos que aquel amor iba más allá de este tiempo, y del espacio en que nos encontrábamos. Entendimos que nuestras almas se habían reunido de nuevo para completar aquello que dejaron pendiente, aunque no sabíamos, aún, de qué se trataba.

Cayó la noche. El fuego de la hoguera que nos calentaba en aquella playa iluminaba nuestros rostros, y cubiertos con una simple tela, cantamos al ritmo de las estrellas, de la luna, de la paz de aquel mágico lugar.

Pero la magia no es eterna. Pronto tuvimos que separarnos, sin saber si el destino nos volvería a unir. Sin saber si volveríamos a vernos reflejados en los ojos del otro, sin saber si tus manos rozarían de nuevo mi cabello.

El tiempo pasó. No recuerdo cuantos años, ni cuantos minutos estuve alejada de ti. Solamente el recuerdo de aquellos días en la playa nutría mi memoria, y mi alma se estremecía cada vez que evocaba tus palabras: “Volveremos a encontrarnos”.

Por caprichos del destino, mucho tiempo después volví a aquel lugar de nuestro primer encuentro. Y sola, sentada en aquella orilla, escuchaba el murmullo del viento, que acariciaba mis cabellos. Anochecía. La nostalgia invadía mi ser, pues ni la distancia ni el tiempo habían borrado de mi corazón aquel bello encuentro, aquellos instantes junto a la hoguera, aquellas canciones…

Una silenciosa lágrima rodó por mi mejilla. No entendí si era de tristeza o de alegría, pues el solo hecho de saber que existías había llenado mi propia existencia todo aquel tiempo en que no supe de ti.

De pronto sentí una suave mano acariciando mi cabello, y una voz que, al oído, me susurraba unas palabras que ya conocía: “te lo dije, volveremos a encontrarnos”.

Secaste mis lágrimas con tus besos. Rodeaste mi tembloroso cuerpo con tus brazos, y así, en silencio, contemplamos como la luna aparecía por el horizonte, besando a la mar en un encuentro inesperado.

Anochece. Y tu recuerdo ha vuelto a mi mente. Y tú ausencia sigue estando presente en cada día de mi vida, pues después de tu partida, esta vez sin punto de retorno, no se cuando volveremos a encontrarnos.

Pero cuando lo hagamos reconoceré tus manos, y tu mirada, y el tacto de nuestra piel me trasladará a un mundo que me será conocido, aunque no pueda recordarlo con claridad. Y quizá, o quizá no, escucharé el eco de unas palabras que al viento me susurren: “te lo dije… volveremos a encontrarnos”.

Narración…

Sol

El Sol nos invita a vivir un día más.
Él, poderoso, resplandeciente, lleno de fuerza, aparece un día más en el horizonte.
Sin ego, sin vanidad, sin esperar nada a cambio, nos da la vida.
Amor incondicional del Sol, que siempre brilla, que no se cansa de darnos luz. Dador.
Grandioso astro Sol. Sin él no somos nada… Sin él no existimos.
Somos, acaso, conscientes de ello?
Cada día agradece al Sol su existencia. Toma unos segundos para observarle, inclina tu cabeza con respeto y da las Gracias a ese gran astro que, incansable, durante millones de años, brilla en nuestro firmamento para darnos la vida. Padre, madre Sol.
Y si un día se apagase?
Gracias, Sol.
Gracias por un día más…

Si fuera poeta (2ª parte)


Y si fuera poeta expresaría también con mis palabras
La energía que recorre mi cuerpo
Al contacto con el tuyo.
Pues tan solo contigo
Ha tenido esa sensación.
 
Aquel día, al acariciar suavemente tu espalda,
Observé las yemas de mis dedos
Recorriéndola.
Mas no era una caricia cualquiera;
No.
 
Mis dedos flotaban por tu espalda,
Se deslizaban armoniosamente sintiendo tu piel,
Vibrando con ella.
 
Por un momento no pude distinguir si era tu piel la que acariciaba
O la mía propia.
 
Apenas te rozaba,
Mas sentía a través de mis dedos
Cada poro de tu piel.
 
¿Cuánto tiempo pudo pasar?
Mis manos me impedían separarme
Del contacto con tu cuerpo,
Y cada vez más libres,
Volaban dibujando su amor por ti
Sobre tu espalda.
 
Era sutil y poderoso
El nexo de unión
Entre nosotros:
Tan solo las yemas de unos dedos
Bailando sobre tu espalda.
 
Mas a través de ellos pude conectar con algo profundo dentro de mi
Que, quizá, porque no,
También habite en ti.
 
Algún día,
Cuando aprenda poesía,
Te contaré lo que sentí al acariciar
Aquel día
Tu espalda.
 
Creo que te gustará.

Si fuera poeta…


Si yo fuera poeta, escribiría algo bello sobre tu pelo.
Si, trataría de describir en unas líneas su belleza,
Su textura, su color.
Ese color que brilla con la caricia del sol,
Y se oscurece a la luz de la luna.
 
Si supiera, te diría lo que siento cuando cepillo tus cabellos.
Mas solo puedo contarte como,
Despacio,
Se pierden entre las púas del peine,
Huyendo con elegancia
Como huyen mis pensamientos
Hacia los tuyos.


Así es:
Tan solo soy un ser capaz de sentir amor
Al acariciar tus cabellos,
Capaz de volar entre ellos
Y perderme en su suavidad,
En su olor…
En ti.
 
Quizá algún día la vida me otorgue la oportunidad de expresarte,
Tan solo con mi tacto,
Lo que mi cuerpo y mi alma sienten
Al acariciar tu pelo.
 
O quizá me otorgue el don de la poesía
Para poder entregarte mi sentimiento
Envuelto en tinta.
 
Si, si fuera poeta
Escribiría algo bello sobre ti…
 

El despertar de Siddharta

Si, así es… Me dejaron solo… Y tuve miedo.

Solo, en medio del bosque, en medio de la nada, en medio de mí.

Tantos años de búsqueda, de sufrimiento, de austeridad, ¿y para qué?

Ahora estaba solo en aquel bosque…

Dudé… dudé si rendirme o seguir, si volver o quedarme.

Allí me esperarían con los brazos abiertos; pero ya no les pertenezco… ni me pertenezco.

Siento que estoy cerca de la Verdad, de esa Verdad que busco, que necesito encontrar.

Si. Me quedo. Caminaré hasta la otra orilla del río. Caminaré.

Creo que he llegado. Este árbol, majestuoso, me servirá de cobijo durante unos días.

Y ahora me sentaré, y no me levantaré hasta alcanzar la Verdad.

Si muero… ¡qué más da! Sin hallar lo que busco ya estoy muerto en vida.

“Tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo. Tengo dudas, tengo dudas, tengo dudas. Tengo paz, tengo paz… SOY PAZ… SOY PAZ”.

¿Soy? ¿estoy? Ya no hay nada que saber.

Lo veo todo, lo siento todo, soy uno con el Todo.

¡Esto era! ¡la gran Verdad! La Unidad, la Conexión, la inmortalidad del Todo, la visión de la Nada.

Llegué donde siempre estuve, pero entonces no podía verlo.

¡Solo hacía falta despertar de ese sueño que parecía real! ¡solo eso!

Gracias, árbol. Gracias, río, Gracias, tierra, gracias, cielo… GRACIAS.

Y ahora, me marcho. He de encontrar a aquellos que, como yo, también necesitan despertar…

Imagen del libro ” El gran viaje de Siddhartha

ROMPIENDO CADENAS

Esta vida parece un misterio.

Pero cuando conectas con la Esencia, te das cuenta de que él Universo es tan mágico y tan sabio, que te da aquello que nunca has querido para así trabajar tus más profundos conceptos.

Atraemos aquello que más nos repele, que más “odiamos”, y la Vida sonríe y dice: “Ahí lo tienes. Ahora, ¡a trabajar!”.

Y entramos nostros en acción. Con nuestros miedos, esperanzas, frustraciones, deseos, proyecciones. Con todo aquello que no es real pero que nos hemos creído y creado.

¿Y qué hacer entonces? Tenemos dos opciones:

O salir corriendo y huir de aquello que nos repele (porque así nos lo hemos creado), o quedarnos y trabajar lo más profundo de nosotros mismos. Purificar. Romper.

¿Es doloroso? Si

¿Es difícil? También.

Pero cuando lo hayamos logrado, cuando hayamos conseguido realizar nuestro trabajo, entonces los conceptos se habrán roto, habremos traspasado la dualidad y, con ello, habremos acabado con él sufrimiento.

Así que cuando tengamos delante aquello que no nos gusta, aquello que “odiamos”, no olvidemos que ese es él “juego” del Universo, que ese es su regalo para que tú, aquí, en esta vida, consigas la liberación.

28 abril, Khajuraho

 

 

GANGA MAA

Ganga Maa. Lágrimas de Vishnu.
Agua purificadora que bajaste de los cielos a limpiar
las cenizas de los muertos,
a redimir sus batallas.
Ganga Maa. Recorriendo más de 2000 kilómetros atraes a fieles
de todas partes que buscan tus aguas
para sumergirse en ellas
y así limpiar faltas.
Ganga Maa. Albergue de peces, delfines, tortugas,
cientos de especies que surcan tus cauces,
que habitan tus orillas,
que descansan en tus playas.
Ganga Maa. Dicen que está impura
y dicen que eres Santa.
Ver a los devotos sumergirse en ti con fe, con amor,
sin importarles tu aspecto externo
pues ellos solo buscan tu esencia más pura.
Esa visión llena mi alma.
Ganga Maa. Eres fuente de vida,
de fertilidad, de belleza,
eres divinidad, eres grandeza,
eres fuente de amor inmensa,
eres paz, luz, armonía,
eres lecho y alimento cada día.
Eres radiante, silenciosa, eterna.
Ganga Maa, ¡eres pureza!


En los ghats, 24 abril 2019

DESPEDIDA EN LA MAR

Mira a la mar.

Mira a esa mar misteriosa y eterna

que ya no podrá tocar
y que, quizá, ya nunca vea.
Su despedida.
Mil experiencias pasadas
que llenaron su vida
hoy lanzadas a la mar,
al silencio,
en aquella playa perdida
parte, ya, de algún recuerdo.
Mira a la mar,
y agradecido cierra sus ojos,
y siente el viento, sereno.
Ha vivido tantas cosas,
y ahora ha llegado el momento
de desprenderse de los recuerdos.
Y en su paz, en esa playa
que no conoce,
mira a la mar…

Abril 2019

NO SE QUIEN ERES

No sé quién eres,
pero siento que ya te conozco.
Y lo siento por el tacto de tu piel,

por tu olor que es mi olor,

por la profundidad de nuestras miradas
cuando se encuentran, cuando se entregan.
No sé quién eres,
pero sé que ya he estado contigo,
muchas veces, en muchas vidas,
en muchas formas.
Sé que nuestro encuentro no fue fortuito,
y tampoco lo es nuestro amor.
Sé que nunca nadie me ha hecho sentir
antes como tú lo haces,
y también sé que quiero compartir el resto de esta vida
contigo.
Porque hay algo más allá de la materia
que nos une,
y que va más allá de nuestros deseos.
No sé quién eres. No.
Y probablemente nunca lo sabré.
Pero sí sé que eres tú. Y que te amo.
Para toda la eternidad…

Abril 2019

UN DÍA CUALQUIERA A ORILLAS DEL GANGES

Hoy el día está nublado.
El sol se deja entrever bajo una leve bruma
que anuncia el calor que,
en unas horas,
está dispuesto a ofrecernos.
Una pequeña mariquita,
aún sin sus lunares,
pasea por mi brazo sin temor.
Los pescadores echan sus redes al río
con la esperanza de encontrar algún pescado para el día.
Varios jóvenes reciben la mañana
tomándose un chai junto a mí.
Pájaros de varias especies
planean sobre la superficie,
en calma, del río.
Y en la distancia varias personas
realizan sus baños rituales
del amanecer.
Un nuevo día por delante.
Un nuevo día nos recibe.
Un nuevo día en la ciudad santa de Varanasi,
donde todo es posible.
Donde la vida y la muerte se dan la mano
sin temor,
sin tapujos.
Un nuevo día amanece en la ciudad de la Luz,
y yo lo recibo agradecida.
El sol nos sonríe… un día más.
12 abril 2019