Maha Kumba Mela

Babas Nagas

Desfile de Babas

Ayer por la noche regresamos del Maha Kumba Mela, el festival religioso más grande del mundo y la mayor migración humana del planeta.

Después de 12 años de espera la vida me ha dado esta oportunidad de conocer de cerca este festival. El Kumba Mela se celebra cada 3 años en una ciudad diferente dentro de 4 ciudades sagradas. Una de ellas es Allahabad, donde cada 12 años tiene lugar el Maha Kumba Mela o Gran Kumba Mela.

plano del Maha Kumba Mela

Situado en la confluencia de dos ríos sagrados, el Yamuna y el Ganga, según la mitología hindu este es uno de los puntos donde unas gotas de néctar salidas del océano y protegidas por Brhama cayeron, lo que convirtió a lugar en uno de los puntos sagrados más importantes para el hinduismo.

Cientificamente cuando el Sol y la Luna entran en Capricornio y Júpiter en Aries (situación actual según la cosmología india), la cantidad de oxígeno en el agua aumenta. Esto, junto con la mitología, hace que bañarse en Allahabad en estos días tenga unos beneficios muy auspiciosos  para las personas.

Durante un mes y medio millones de personas (y hablo de millones de verdad!!) se trasladan a campamentos situados en la cuenca del Ganges y viven allí durante un tiempo rodeados de sadhus, babas, maestros espirituales. Hay días especialemente auspiciosos para tomar un baño en en Sangam, el lugar más sagrado por ser la confluencia de los dos ríos. En el baño del día 10 de febrero se estima que hubo 30.000.000 de personas, y en el del 15 unos 15.000.000.

en el Sangam

Pero lo grande del Kumbah Mela es la energía tan especial que se respira. Todo el mundo está contento, de buen humor. Las personas se ayudan unas a otras, conviven, acuden a escuchar a sus babas (gurus o maestros espirituales), disfrutan de esta experiencia casi única en sus vidas.

en uno de los campamentos

Yo quise venir al Maha Kumba mela del 2001, pero en esa ocasión la vida no me lo permitió. Esta ve he podido disfrutar (no mucho tiempo pero el sufuciente) de vivir esta experiencia junto a mi hija de 8 años.

ante un elefante

Realmente India está llena de una magia que espero que la globalización y la sociedad de consumo no consigan destruir completamente…

unas vacas…¡increíbles!

La vida y la muerte en Varanasi

Hace unos meses, en mi primer viaje a la India un amigo muy especial dijo de Varanasi: “Es la ciudad para aprender y la ciudad para arder”.

Para aprender porque en Varanasi hay nada menos que 5 universidades, entre ellas BHU (Banaras Hindu University), una de las más grandes y prestigiosas universidades de Asia.

Para arder porque Varanasi es la ciudad del mundo en que la vida y la muerte caminan de la mano…

Existen 3 crematorios en la ciudad de Benarés: uno llamado Manikárnika (el crematorio principal), y otro llamado Haris Chandra, donde hay dos crematorios, el tradicional y uno eléctrico para personas que no pueden pagar una cremación tradicional.

Manikarnika Ghat

Hablar de la muerte en Benarés no es hablar de un tabú, sino de una realidad. La muerte es algo tan natural aqui que se puede ver en los crematorios las piras funerarias con el difunto en llamas, mientras los niños están jugando en la misma explanada al beisbol o volando una cometa.

Los turistas caminan por delante o se paran a contemplar el proceso de cremación, aunque no todos ellos son capaces de hacerlo, y algunos simplemente no miran o evitan pasar por allí.

Los crematorios están a orillas del Ganges, donde una vez acabado el fuego se arrojan las cenizas.

El ritual que rodea a la muerte en el hinduismo es bastante complejo. Tras la muerte el cuerpo es lavado y unjido de esencias y perfumes, embalsamado y transportado por las calles con un pequeño cortejo hasta el crematorio. Allí el cabeza de familia (siempre masculino) se rapará el pelo y una vez preparada la pira será él el que prenda fuego.Tras esto se llevan a cabo una serie de celebraciones que duran varios días.

Ofenda de luz en el Ganges

Paso a diario por el crematorio, y he visto varias incineraciones, pero nunca he visto dramatismo en ellas, ni gritos, ni aspavientos… sino naturalidad, aceptación, normalidad…

Dicen que si se muere en Varanasi ya no se sigue con el ciclo de la reencarnación. Muchas personas mayores viajan desde distintos lugares de India para pasar sus últimos días con la esperanza de morir aqui y que sus cenizas vayan al Ganges.

Pero la muerte no es solo una realidad en los crematorios, sino también en la calle. Los animales nacen y mueren constantemente en Benarés: perros, gatos, vacas y demás animales cumplen con su ciclo y mueren pacificamente, sin ser molestados ni alterados por los viandantes que pasan a su lado.

A algunas personas hablar de este tema les puede parecer macabro o espeluznante. Para mi la muerte es simplemente un paso más, un escalón que todos hemos de subir, un viaje al que ninguno escaparemos. Y por eso, vivirla como se vive en Benarés para mi es un gran privilegio.

Amanece en Varanasi…

La vida y la muerte caminan de la mano en Benarés…

Mererani (Tanzania)

Mi llegada a este lugar fue totalmente casual. Un amigo me dijo que su hermano había abierto una tienda de fruta en Arusha, una de las ciudades principales de Tanzania, y yo quise ir a verle allí. Me sorprendió cuando él me decía que no fuera, que allí no había nada pero yo insistí, ¿por qué no iba a ir a pasar un par de días a otra ciudad?

Quedé con su hermano ya que mi amigo estaba ya en “Arusha”, y a mitad de camino cambiamos de DalaDala (autobuses pequeños de Tanzania) y empezamos a meternos por caminos de tierra, alejándonos cada vez más de la ciudad.
Yo no sabía donde iba pero sabía que donde llegara estaría mi amigo, y eso me tranquilizaba.
Y llegué… ¡a la ciudad sin ley!

Mererani es uno de los únicos lugares de Tanzania donde se encuentran minas de tanzanita, una piedra semi preciosa de color azul.

El principal problema en Mererani es que las minas, una vez más, pertenecen a los europeos, en su mayoría alemanes e ingleses, que explotan a los tanzanos a cambio de nada. Es decir, un chico en Mererani se pasa 10 horas trabajando en la mina a cambio de un plato de maiz, y lo que recibe como salario es nada. Si durante la excavación encuentra un trozo de piedra, el dueño de la mina le da un cachito de la misma: esa es su recompensa.

Eso ha originado que Mererani sea una ciudad sin ley, donde la vida vale bien poco: tan solo un trozo de piedra. Allí ya no hay ni policía…

Cuando ves pasar a los todoterrenos cargados con chavales con la piel azulada brillante y la mirada triste, entiendes que aún existe la esclavitud en el mundo.

Quise acercarme a las minas, pero mi amigo me lo “prohibió”: mujer y blanca ¡y en las minas! Seguramente no hubiera salido bien parada.

La vida me llevó hasta Mererani para comprobar las desgracias de unas personas que dependen de las grandes multinacionales, de los ricos, de los europeos, de los explotadores sin escrúpulos.

Desde aquí les envío toda mi fuerza a esos chicos que cada día se dejan su vida en las minas de Mererani.

Lamu

Este burrito que me acompaña en la foto es uno de los cientos de ellos que viven en Lamu, una isla de Kenya cerca de la costa de Mombasa.
Allí es donde conocí a mamá Carmen (de la que hablo en uno de mis relatos en prosa) y a otras amigas con las que, después de tantos años, aun mantengo contacto.
Lamu es una pequeña isla en la que solo hay un coche. El resto… ¡burros! Y gente, mucha gente mezclada ya que conviven los musulmanes, los swahili (autóctonos) y muchos europeos que se han retirado a este pequeño paraíso.
Una de las playas más bellas de Lamu es la de Shela. Allí, además de las aguas calientes del océano Indico y la arena fina, hay muchas, pero que muchas mansiones de los más ricos del mundo ¡parece mentira! Incluso allí, a pie de playa, tiene su mansión el marido de Carolina de Mónaco, y en fin de año, según cuentan las gentes del lugar, ella y su esposo hacen una fiesta en la playa e invitan a todo el que quiera acudir (ahí es nada…).
Bueno, anécdotas aparte, Lamu es una bella isla llena de contrastes, pues lo cierto es que entre las casas de los africanos se encuentran esos hoteles de super lujo: dos mundos tan cercanos en el espacio y tan lejanos a la vez…
No es fácil llegar hasta allí en “transporte público”, pues el autobús desde Mombasa tarda varias horas y no es muy cómodo, y después hay que tomar una pequeña barquita que se llena de gente ¡pero cuando llegas merece la pena! Claro, que también se puede viajar en avión a otra islita de al lado y cruzar a Lamu en lancha pero… ¡hay que pagarlo! He aquí una vez más el contraste…
En Lamu hay bastantes turismo que ha llevado a la creación de hostales, hoteles, cafeterías, bares e incluso discotecas.
El mercado, como todos los de África, es de un colorido especial, y en la plaza de la ciudad muchas tardes se juntan grupos de amigos que hacen música mientras los niños danzan o los turistas hacen fotos “sin que se note”.
Pero a pesar de todo es un lugar tranquilo, muy tranquilo, en el que se puede pasear por las calles al atardecer y ver a los marabús comiendo en la orilla del mar los pececillos que se han quedado atrapados al bajar la marea.
Si no fuera por la malaria Lamu sería uno de los lugares a los que me gustaría volver. Quizá…

Los bosquimanos de Tanzania

Uno de los pocos grupos de bosquimanos que aún quedan en el mundo se encuentran en Tanzania, en la comarca de Mangola Chini situada en los alrededores del lago Eyasi.
Fui a dar allí de manera casual, ya que en principio a quienes iba a visitar era a unos misioneros españoles (Pepe y Miguel Angel) que viven en la región desde hace al menos 20 años.
Cuando llegamos a Mangola después de un largo y ajetreado viaje, Pepe nos recibió en su casa y nos abrió sus puertas, invitándonos a quedarnos el tiempo que quisiéramos.
Al día siguiente ellos tenían previsto un viaje a las tierras de los bosquimanos para recoger a uno de ellos que se iba a ir a vivir a su casa como askari (askari son el Tanzania como “vigilantes” que tienen algunas personas en sus casas), así que nos fuimos con ellos.
Después de entrar en la “zona” donde habita este grupo, había que buscarles, pues al ser nómadas van caminando de un sitio a otro y cada día acampan en un lugar.
Les encontramos debajo de la sombra de un árbol. Era un grupo de unas 15 personas, incluídas mujeres y niños. Y lo que más me gustó: ¡no tenían apenas nada! Se sentaban sobre unas pieles, y llevaban un hatillo donde guardaban algo de ropa, utensilios de cocina y poco más.
Me llamó la atención que muchos de ellos, a pesar del poco contacto que mantienen con la “civilización”, estaban fumando.
Enseguida se acercaron a nuestro coche y nos invitaron a tirar con sus arcos. Éste es un espectáculo que hacen con los turistas: les dejan tiarar con arco y a cambio estos les dan unos shilings (moneda tanzana). A nosotras, por ir con amigos suyos, no nos cobraron… ¡Pero la experiencia fue digna de ser pagada! La sensación de estar en un lugar perdido del mundo, con un grupo de personas que aún viven de lo que recolectan y lo que cazan (aunque cada vez menos pues el gobierno les ha reducido a un pequeño espacio de tierra donde apenas queda caza), y poder compartir un rato con ellos es algo que no tiene precio.
Me llamó la atención que el chico que se vino con nosotros preparó “su maleta” en un segundo: una tela con algo de ropa. Se despidió y se fué.
Yo pensé en el tiempo que nos llevaba a los “civilizados” preparar una maleta, aunque solo vayamos a salir un par de días.
Y he de rconocer que mientas compartía el espacio en el furgón con aquella persona, mi Alma estaba completamente sobrecogida.

Metéora

Sin duda este lugar es uno de los más mágicos que he visitado: Metéora.
Está en Grecia, en la región de Tesália, que se encuentra en el centro de la Península griega.
Metéora es un conjunto de altísmos peñones en cuya cima hay monasterios y ermitas ortodoxos. También hay un gran número de cuevas que eran habitadas por monjes y ascetas.
La creación de estos monasterios data del s. XI. Hoy se pueden visitar 6 de ellos, uno de los cuales es de monjas.
Antiguamente los monjes que vivían en las cumbres bajaban y subían en unas cestas tiradas por poleas. Hoy ya han hecho caminos y los autobuses suben a la puerta de los monasterios. Aún así este lugar no ha perdido su magia, y el espectáculo cuando uno entra en Metéora es realmente sobrecogedor.
Todavía hoy para entrar en los monasterios las mujeres tienen que cubrirse las piernas o ponerse falda (si se llevan pantalón). Para ello en la entrada de cada monasterio hay percheros con faldas y así poder elegir una “a tu gusto”.
Metéora es un lugar que merece la pena visitar. Es único y mágico.