Tu ausencia en la Navidad

En este día que es tan especial
Cómo te voy a extrañar!

En esta noche en que no estarás
Un gran vacío en mi alma habrá.

Pues no importa el tiempo, ni importa el lugar
Importa tu ausencia esta Navidad.

M. Cristina Iglesias (Crismitra)

La despedida


Te fuiste entre mis manos lentamente
Apagando poco a poco tu calor,
Y suavemente te besé en la frente
Sellando con cariño nuestro adiós.
 
El nuestro fue un amor muy diferente,
Amor nacido en otra dimensión,
Y ahora anhelo ya tu cuerpo ausente
Y el eco, adormecido, de tu voz.
 
Y se que aquel instante fue un regalo,
El fruto de ese árbol que creció.
Por fin caminas ya siempre a mi lado
Sin rumbo, sin fronteras…, sin temor.

Terminó tu invierno

Para ti hoy no amanece
pues ya se apagó tu luz,
ya tu cuerpo no padece,
ya voló tu juventud
y tú vejez se hizo muerte.


Y todo lo que viviste
quedará en ese ataúd.


Gracias por lo que me diste
en el rayo de quietud
en que, sin miedo, te fuiste.


Ahora vivirás eterno
y todo será plenitud
pues ya… Terminó tu invierno…


Para mí abuelo Félix. DEP.
9 febrero 1919 – 28 septiembre 2019

El alma no muere

Tuve la fortuna

De conocerte,

De acompañarte,

De aprender de ti.

Me abriste las puertas

A un mundo nuevo

Lleno de belleza,

De color, de poesía.

Me enseñaste a apreciar

La amistad,

A ver la realidad

Con ojos críticos.

Me diste la oportunidad

De crecer a tu lado,

Me diste confianza;

Confianza en ti y en mí.

Tu presencia

Me enriquecía,

Y me hacía ser

Mejor persona.

Mas tuviste que marchar…

Porque la vida no entiende

De apegos

Ni necesidades.

La vida nos unió

Y nos separó,

Pero no puede borrar de mi memoria

Lo que viví junto a ti,

Lo que reí junto a ti,

Lo que sufrí junto a ti.

Así que, aquí sigues,

Vivo en mi recuerdo,

En tus palabras que

Resuenan en mi mente.

Vivo en tus canciones,

En tus seres queridos

Que aún forman parte

De mi vida.

Porque el alma,

El alma nunca muere.

Y tu alma me acompañará

Hasta el final de mis días…

Para Luis, (Elegido), en el 9 aniversario de su partida.

13 mayo 2019

NO MARCHASTE

Es verdad, no puedo verte,
y ya no puedo tocarte,
tu voz ya no me susurra
como antes.
No puedo dormir contigo,

ni abrazarte,
ni pedirte tu consejo,
ni escucharte.
Pero sigues a mi lado
como antes,
sigues vivo en mi memoria
Cada instante.
Los recuerdos nunca mueren,
son constantes,
y los tuyos me acompañan
incesantes.
La energía no se marcha
se transforma,
pero sigue estando viva
en otra forma.
Cuando de veras se ha amado
como amaste
podré no tener tu cuerpo
ni observarte.
Pero el corazón me dice
palpitante,
que, aunque ya no pueda verte
no marchaste.


Abril 2019
Para aquellas personas que, aunque ya no estén, nunca se han marchado…

El duelo en los niños

Hace ya casi 3 meses que Paris se fue de nuestro lado. Durante este tiempo yo he buscado información, leo e intento procesar el duelo por el que estoy pasando, el luto por la pérdida de mi pareja, pero ¿y Ananda? ¿Como está viviendo ella este proceso? ¿Como se siente ante la muerte de su papá?

Creo que Ananda está viviendo este proceso como deberíamos hacerlo todos: aceptando la pérdida de manera natural.

Ella ha formado parte activa de toda la enfermedad de Paris; nos acompañaba a los médicos, estaba durante las visitas de las doctoras de paliativos, a las que cogió gran cariño, e iba viendo como día a día su papá iba tendiendo menos energía. Además casi desde el momento en que lo supimos le anticipé a Ananda lo que podía suceder, aunque nunca la hice perder la esperanza de la curación, al igual que yo no la perdí.

Pienso que todo esto, el formar parte de la enfermedad de su padre, la ha ayudado a ver y entender la muerte como algo normal que tiene que sucedernos a todos, aunque aún es pequeña, y posiblemente no tenga una conciencia plena de lo que significa la separación de la muerte.

Desde que Paris se fue hemos hablado siempre con naturalidad de él, de lo que le gustaba, de lo que solíamos hacer juntos. Ella saca poco el tema de su papá, pero alguna vez si que ha expresado que se acuerda de él pero que el recuerdo no la pone triste. Le echa de menos, dice, pero no llora por ello.

El primer mes me preocupé ante la aparente falta de reacción de Ananda por lo sucedido, pero ahora entiendo que ella, en su mundo interior, pasa por el duelo de una manera diferente a como yo lo hago. Es el duelo de una niña de 5 años (casi), que entiende la vida y la muerte desde otra perspectiva; que sigue sintiendose segura pues tiene a su lado a su mamá, a sus abuelos, a sus amiguitos; que entiende aunque no comparte el sufrimiento de su madre y que crecerá, posiblemente, con un vago recuerdo de todo lo que ha ocurrido, y con buenos recuerdos de los años vividos junto a su papá.

En el libro que estoy leyendo ahora “Como crecer a través del duelo” de Rosette Poletti y Barbara Dobbs, hay un capitulo interesante que trata sobre el duelo en los niños.

Algunas cosas de las que se habla en este capítulo:
– que en los últimos años, las investigaciones han demostrado lo importante que es implicar a un niño en el proceso de duelo familiar (hubo unos años en que el proceso del luto era un tabú para los niños, así como la enfermedad y la muerte. Se les ocultaba, se les mantenía al márgen de esos sucesos y se evitaba llorar ante los niños. Se ha demostrado que esto ha creado trumas en esos niños, bien en la infancia o una vez adultos).

– que los niños necesitan ver las cosas y comprenderlas. Hay que explicarles a los niños lo que está sucediendo para que ellos puedan elaborar su propio duelo.

Dice el libro: “Cuando se va a morir una persona muy querida por el niño, tanto si se trata de un abuelo, de un amigo o de un conocido, es esencial que se le informe de ello y que se comparta con él todo cuanto sepan los demás. A un niño no se le puede ocultar nada, pues lo presiente. Sabe que algo está ocurriendo a su alrededor y, si s relegado al silencio, sus niveles de ansiedad pueden llegar a aumentar considerablemente”.

“Un niño es mucho más fuerte de lo que seguramente hemos imaginado durante mucho tiempo; posee un sinfín de recursos increíbles con los que poder enfrentarse a la realidad. Simplemente será recomendable que aquellos que informen al niño del deceso sean personas que le quieran y que sean capaces de tomarse el tiempo necesario para decirle las cosas con calma”.

Incluso apunta que en algunos casos es recomendable que el niño vea a la persona antes de morir, e incluso que esté presente en el momento de la muerte (esto, dice, depende de la calidad del apoyo que tenga en su entorno). También dice que si el niño lo pide se le debería dejar ver el cadáver, aunque esto depende un poco de la edad.

Por el contrario no recomienda que los niños menores de 12 a 14 años vean el momento del cierre del ataud por lo que ello implica de separación, y por el dolor que se genera en el resto de las personas que están presentes.

Tampoco recomienda que acudan al entierro niños menores de entre 2 a 6 años (Ananda si que participó en el rito de despedida de Paris, y creo que tiene un buen recuerdo de ello).

Sigue diciendo el libro:

“Con frecuencia, el niño que está pasando por un proceso de duelo parece no sentir nada. Al igual de lo que sucede con los adultos, las reaccines son únicas y personales. Están relacionadas con el tipo de vínculo que unía al niño con la persona fallecida, así como con el ipo de apoyo ofrecido por el entorno, con su edad y con su carácter”.

Apunta también que “hacer llora a los niños que quieren ignorar que están sufriendo es el mejor favor que podéis hacerles”.

Y que “la forma en la que el niño viva sus primeros duelos será la que establezca las bases de todos los duelos futuros”.

Por último, quiero recomendar un par de libros que pueden ayudar a los más pequeños a vivir y entender la pérdida y el duelo.

Uno de ellos se llama “Siempre te querré, pequeñín”, de Debi Gliori, y el otro es “Para siempre”, de Alan Durant y Debi Glori.

Reflexión

La vida y la muerte caminan juntas. Solo cuando experimentamos la pérdida de una persona amada nos damos cuenta de lo que teníamos cuando esa persona estaba a nuestro lado, y tomamos mayor conciencia de la temporalidad de las cosas.
Creo que después de una pérdida entendemos la vida de otra manera. Es el gran “regalo” que nos hace la persona que nos deja, el ayudarnos a crecer, a valorar las cosas de otro modo, a apreciar aquello que tenemos por pequeño que parezca.
He aprendido que el tiempo hay que disfrutarlo. A menudo cuando estamos en una relación, perdemos demasiado tiempo en pequeñas discusiones, enfados, regañinas de un día a día que se convierten en “montañas” cuando ya no tienes a esa persona a tu lado. Damos por echo que estaremos siempre juntos, que envejeceremos junto a esa persona, o que la veremos crecer y moriremos antes que ella (en el caso de los hijos). Pero muchas veces el destino tiene preparados otros planes…
Por eso quiero deciros a todas/os que tratéis de amar de verdad a vuestros seres queridos, de no discutir por vanalidades, de aprovechar el tiempo que esta vida tan pasajera os permita vivir juntos.
En “El libro tibetano de la vida y la muerte” dice que para vivir plenamente en esta vida tendríamos que ser conscientes a cada segundo de la muerte. Eso no significa vivir asustados, sino vivir el momento ya que al momento siguiente puede que ya no estemos. Ahora sé por propia experiencia que eso es así.
Amaros de corazón porque después… ya no hay vuelta atrás…

… y el dolor…

Siguiendo con el libro de “Sobre el duelo y el dolor”, voy a transcribir algunas otras citas que me han ayudado o con las que me siento identificada en este momento.

” Una persona jóven afronta el duelo por un ser querido de manera diferente a como lo hace una persona mayor, por muchos motivos: el hecho de tener más vida por delante, tener que volver al colegio, al trabajo y, a lo mejor, a cuidar a los hijos propios. La gente jóven tiene que salir de nuevo al mundo porque ellos aún tienen vidas que construir y experiencias que vivir”.
“A menudo pensamos que , en los cumpleaños, vacaciones y demás fechas señaladas, nuestros hijos no piensan en los seres queridos muertos. Pero lo hacen, aunque parezca que están bien”.
“Un niño que experimenta la muerte de un ser querido pierde la inocencia con rapidez. Aprende a que en la vida no hay nada seguro, y ello le hace sentir que no puede contar con nada”.
“Te sentirás como si nunca más pudieras volver a vivir, creerás que tu vida nunca será igual y tu tampoco. Pero en los próximos años, descubrirás formas de vivir con tus pérdidas”.
“La culpa es la ira al revés, algo que surge cuando violamos nuestro sistema de creencias o aquél en el que nos educaron”.
“Incluso si ha habido múltiples avisos y nos hemos podido “preparar”, la muerte es un suceso increiblemente difícil”.
“Cada duelo tiene su forma, tan distinta y única como la persona que hemos perdido. El dolor de la pérdida es tan intenso y rompe tanto el corazón, porque cuando amamos nos conectamos profundamente con otro ser humano, y el duelo es el reflejo de la conexión que se ha perdido. Pensamos que podemos evitar la pena, pero en realidad lo que queremos evitar es el dolor del duelo. El duelo es el proceso de curación que finalmente nos aportará el alivio a nuestro dolor”.
“Según C.S. Lewis: el dolor del ahora es parte de la felicidad de antes”.
“Negar la pérdida es negar el amor”.
“El duelo es una fase necesaria para pasar de la muerte a la vida”.
“En el duelo, al igual que en la muerte, hay una transformación hacia la vida. Si no te das tiempo para llorar la muerte, no podrás encontrar un futuro en el que la pérdida se recuerde y se honre sin dolor”.
“Las mariposas son un simbolo de transformación, no se muerte sino de vida que continúa, no importa de qué forma”.
“Lo que he enseñado en mi vida acerca del duelo no es tan importante como lo que he aprendido: áquellos a quienes hemos amado y que nos han querido siempre vivirán en nuestros corazones y en nuestras mentes. Mientras prosigues tu viaje, has de saber que eres más rico y más fuerte, y que ahora te conoces mejor”.
“El duelo es la intensa respuesta emocional al dolor de una pérdida. Es el reflejo de una conexión que se ha roto. Más aún, el duelo es un viaje emocional, espiritual y psicológico a la curación”.
“El duelo posee el poder de curar”.

A todas/os los que hayáis sufrido una pérdida de un ser querido os recomiendo la lectura de este libro. Ayuda a entender el proceso por el que pasas cuando pierdes a una persona que amas, ayuda a seguir adelante sin miedo a sufrir.

Ayuda, en definitiva, a crecer dentro del dolor de la pérdida.

Sobre el duelo…

Como bien sabéis, en estos momentos de supuesta alegría por la Navidad, el cambio de año y los Reyes Magos, yo vivo un duelo por la pérdida de mi amor, un duelo más difícil, si cabe, acercándose estas fechas.

Mis lecturas ahora mismo hacen referencia a ese proceso por el que estoy pasando.

Empecé leyendo, junto con Páris, “El libro tibetano de la vida y la muerte” de Sogyal Rimpoché. Este libro nos ayudó mucho en los últimos momentos. Es un libro de gran profundidad y reflexión acerca de la muerte, la vida, la reencarnación.
Ahora estoy leyendo el libro de Elisabeth Külber-Ross y David Kessler “Sobre el duelo y el dolor”, y me está ayudando también mucho. Me está ayudando a entender el proceso por el que estoy pasando, a entender mis sentimientos, a sentirme identificada con personas que han pasado por el mismo proceso por el que estoy pasando yo.
Quiero transcribir algunas citas de este libro que me han llegado especialmente:
El duelo pasa por 5 etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
“No hay una única forma correcta de realizar el proceso del duelo ni un plazo de tiempo adecuado para hacerlo”.
“Cuando el alma toma plena consciencia de la pérdida, cuando nos damos cuenta de que nuestro ser querido no logró recuperarse esta vez y no va a volver, es normal deprimirse”.
“En el duelo, la depresión es un recurso de la naturaleza para protegernos. Bloquea el sistema nervioso para que podamos adaptarnos a algo que sentimos que no podemos superar”.
“Hay que dejar que los dolientes experimenten esta pena, y éstos se sentirán muy agradecidos con aquellos que puedan sentarse con ellos sin decirles que no estén tristes”.
“La curación se refleja en las acciones de recordar, recomponerse y reorganizarse”.
“De una extraña forma, a medida que avanzamos en el duelo, la curación nos acerca a la persona que amábamos… Aprendemos a vivir con el ser querido que hemos perdido”.
“De forma gradual y cada cual a su ritmo, se puede empezar a sentir algo de paz frente a lo que ha pasado”.
“Podemos pasar de sentirnos bien a hundirnos en cuestión de minutos y sin aviso previo. Podemos sufrir cambios de humor difíciles de comprender para quienes nos rodean, porque ni siquiera los entendemos nosotros. En un momento estamos bien y, al siguiente, rompemos a llorar. Así funciona el duelo”.
“A menudo los sueños de hoy son las lamentaciones de mañana, y es posible que no todo lo que deseamos llegue a hacerse realidad”.
“Las lágrimas no lloradas se encargan de hacer más profundo el pozo de la tristeza”.
“Las lágrimas no lloradas no desaparecen; su tristeza permanece en el cuerpo y el alma”.
“Tu ser querido todavía existe. En el largo camino que ahora recorres a solas, dispones de compañeros de viaje invisibles”.
“Contar la historia con frecuencia y detalles es básico para el proceso del duelo. Tienes que sacarlo todo. Hay que sentir la pena para poder curarse. La pena compartida es menos pena”.
“Somos responsables de nuestra salud, pero no somos culpables de nuestras enfermedades”.
“Sentirse aislado después de una pérdida es algo normal, previsible y saludable”.
“Una de las mayores injusticias que podemos cometer contra un amigo es intentar alejarlo de su duelo antes de estar preparado… Solo tú sabrás cuándo la pérdida ha pasado a formar parte de ti, y ese será el momento de salir al mundo y reincorporarte a él.”.
“Si sientes la presencia de tu ser querido, no lo dudes, todavía existe. El nacimiento no es el principio, ni la muerte el final; son simples puntos en un continuo”.
“¿Por qué no encontramos nada extraño en hablarle a un niño antes de que nazca, pero si hablamos con los muertos la gente puede pensar que estamos locos?”.
“El duelo es la parte externa de la pérdida. Son las acciones, los rituales y las costumbres que llevamos a cabo. La pena es la parte interna de la pérdida, cómo nos sentimos”.
“Hace un año o más eras una persona diferente. La persona que eras ha cambiado para siempre. Una parte de tu viejo “tú” murió con tu ser querido. Y una parte de tu ser querido vive en tu nuevo “tú”.
“Tanto si han pasado cuatro años como cuatro meses, es complicado volver a tener relaciones sexuales”.
“Hazlo lo mejor que puedas y eso bastará. Asegúrate de pasar tiempo a solas, si lo necesitas, y pide que te hagan compañía, si lo necesitas. Llora todo lo que puedas y quieras”.
“La muerte es un factor que cambia todos nuestro puntos de vista, porque nos vemos obligados a evaluar nuestro valor y lo que, en última instancia, importa en la vida”.
Y así, a través del dolor, voy creciendo un poco más día a día.
Seguirá…